EL BUEN EDUCADOR DEBE HACER VOLAR COMO ÁGUILAS A SUS ALUMNOS

No hace mucho, escribí un mensaje a un conocido, que me decía que él tenía una buena formación en el terreno de la comunicación, por lo que pensaba que no necesitaba asistir a mis cursos. Le escribí algunas ideas, que procuré que fueran breves para no extenderme demasiado y no aburrirle; pero me quedé con las ganas de profundizar, lo que me llevó a escribir este artículo.

Querido amigo:

Me alegro de que tengas una buena formación en las habilidades que yo enseño de "Hablar en público y comunicar con eficacia". No obstante, me permito apuntarte que en no pocas ocasiones he "auditado" la comunicación de no pocos profesionales a los que les he conseguido apuntar líneas de mejora. El hecho de haber sido docente, por ejemplo, no es signo ni garantía de eficacia en la comunicación, ni mucho menos. Hay demasiados profesores (no lo digo por ti, claro) que no saben transmitir con eficacia sus conocimientos, que resultan aburridos, monótonos o, simplemente, anodinos, con lo que sus alumnos no se sienten en absoluto motivados ni enardecidos por los conocimientos que intentan transmitir.

Como dice un autor americano: "El educador mediocre habla. El buen educador explica. El educador superior demuestra. El gran educador inspira”.

Pues, como les digo a los profesionales de la enseñanza, a los que enseño a comunicar, ese debe ser su objetivo y su ideal: "Inspirar a sus alumnos", apasionarles con sus enseñanzas, despertar en ellos el hambre intelectual. Todo lo que no sea eso, es no ser un buen profesional de la enseñanza. Y lo digo porque tengo muchos alumnos en mis cursos que son profesionales de la educación. Y también tengo muchos alumnos que son estudiantes y me cuentan anécdotas de profesores mediocres que me estremecen de pena y de indignación.

Por desgracia, hay demasiados profesores y profesoras mediocres, que se limitan a cubrir sus horas de clase sin pasión, sin disfrutar con lo que hacen, sin importarles de verdad sus alumnos, sin brillo, sin vocación, limitándose a leer un libro en voz alta o a leer un Power Point, lo que va en detrimento de la calidad docente y, por ende, del nivel de los futuros profesionales. Pero, claro, ese es un avispero en el que las autoridades políticas, administrativas y académicas no se atreven a entrar. Es mejor dejarlo como está y mirar para otro lado.

 Pero, como te decía no lo digo por ti en absoluto, puesto que no te conozco bien. Creo que muchos y muchas deberían hacer examen de conciencia y revisar sus métodos de enseñanza. Permíteme este desahogo con un tema que me preocupa de forma primordial. Debemos luchar contra la mediocridad en todos los terrenos, ¿no te parece?; pero, de forma especial, en la enseñanza, que es la base de toda la estructura social. Debemos formar buenos estudiantes para que sean, más tarde, excelentes profesionales. ¡Es tan evidente…!

Un buen profesional de la enseñanza debe estar enamorado de la materia que enseña a sus alumnos. 

Un buen profesor, un buen maestro, debe prepararse muy bien lo que sus alumnos deben aprender. Un auténtico educador debe saber transmitir la emoción del saber a sus alumnos, mostrándoles las luces que iluminan sus inteligencias para captar de la forma más eficaz posible determinados conocimientos, enamorarse de ellos y pedir más a su maestro.

Ese gran educador debe ser capaz de coger con sus palabras y sus emociones las mentes de sus alumnos y elevarlas hasta las cumbres de la sabiduría, insuflándoles el amor por la excelencia, de la que tanto oirán hablar después en su vida profesional.

¡Educar no es hacer borreguitos mediocres que sólo aspiran a aprobar de cualquier forma! Educar es modelar esas mentes y esos corazones jóvenes para que sientan de verdad el placer por el saber y por las cosas bien hechas. Que no sean gallinas dando patéticos saltos y nerviosos picotazos por el saber, sino que sean águilas que desplieguen sus poderosas alas y sepan elevarse, con esfuerzo, hasta las cumbres y los riscos más difíciles del conocimiento humano. Si todos los educadores tuvieran esto claro, ¡cómo cambiaría la universidad y el mundo profesional!


Espero que estas ideas te sirvan para reflexionar sobre la importancia de la comunicación para cualquier profesional; pero, especialmente, para un profesional de la educación porque, no lo olvides, comunicar es transmitir emociones, no sólo palabras vacías. Son ideas que me salen de forma espontánea y, sobre todo, muy sincera, porque las tengo muy reflexionadas y veo de forma diáfana la enorme importancia que tienen.


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