EL MIEDO A HABLAR EN PÚBLICO NOS IMPIDE BRILLAR

El miedo a hablar en público es un fenómeno que afecta a un gran número de profesionales.


El otro día hablé de eso en una conferencia-taller en el CEEI (Centro Europeo de Empresas Innovadoras) de Valencia, en el Parque Tecnológico, con el salón casi lleno.


Una gran mayoría de españoles siente auténtico miedo a hablar en público. La falta de una formación adecuada, desde la infancia hasta la vida universitaria, ha provocado que el español medio tenga como una característica más de su personalidad la inseguridad al tener que hablar ante un auditorio más o menos numeroso.           

Muchas personas, cuando se ponen delante de los demás para dirigirles la palabra (dar su opinión en una reunión con gente desconocida, dar una charla, pronunciar un discurso, o unas palabras de agradecimiento por algo, o presentar un proyecto, o dar una explicación sobre algo…) sienten la mirada atenta de todos los que escuchan, se hace el silencio… y se ponen muy nerviosos, les entra una especie de pánico, un estrés, que en algunas ocasiones les bloquea, les hace sudar, respiran fatigosamente, les tiemblan las piernas, les tiemblan las manos y les tiembla la voz.

Al tomar conciencia de que lo único que se oye en la sala es su propia voz, que todos están atentos, escuchándoles, son incapaces de respirar con normalidad y conseguir un volumen de voz adecuado al auditorio en el que se encuentran. Ser el centro de atención les agobia una barbaridad. Al darse cuenta de que su voz es débil y temerosa, carraspean, su voz tiembla, tragan saliva en medio de una frase, respiran con dificultad, y eso hace que su voz no acabe de tener el volumen adecuado. Están sintiendo la mirada y la atención expectante de los demás… ¡y eso les hace sentirse fatal!

En mi taller en el CEEI, como hago siempre en mis cursos, insistí en la importancia de tener una actitud positiva al afrontar la situación de tener que hablar en público, controlando nuestros pensamientos para que las emociones no se desborden y nos impidan así gestionar nuestras ideas y nuestras palabras.

Les hablé de lo fundamental que es expulsar de nuestra mente las ideas y los pensamientos negativos para no dejarnos llevar por las circunstancias como una botella de plástico es llevada por la corriente de un río. Y les recordé una idea que me gusta repetir: “El estrés no lo causan las circunstancias, sino la actitud con la que nos enfrentamos a ellas”.

Si no somos capaces de tener la actitud adecuada para superar nuestros miedos, difícilmente podremos alcanzar la elocuencia y la capacidad de persuasión, indispensables para un buen orador.

Durante el taller, que duró toda la tarde, ilustré mis explicaciones con ejemplos gráficos, con algunas citas de autores interesantes, puse ejemplos, proyecté varios vídeos y les hice hacer algunos ejercicios ilustrativos para ayudarles a superar sus miedos.

Fue una tarde muy entretenida y divertida y, según manifestaron, todos se marcharon encantados con la sesión, y yo el que más. Y es que, como les dije, si el orador no se lo pasa bien en conexión con su auditorio, difícilmente podrá conseguir la conexión necesaria con el público que le escucha, lo que significa que difícilmente conseguirá comunicar con eficacia.

Hoy en día, cualquier profesional de cualquier disciplina se ve con mayor o menor frecuencia en la situación de tener que hablar en público. Pero nadie le ha enseñado, ni en el colegio ni en la Universidad. Y es curioso que todo el mundo está de acuerdo en que esta es una formación necesaria, pero estas enseñanzas no se introducen de verdad en los colegios y una gran mayoría de profesionales siguen sin tomarse en serio aprender estas habilidades tan necesarias para el éxito en su vida profesional e incluso personal. Adquirirlas les permitirá poder hablar en público con soltura, con seguridad, transmitiendo adecuadamente sus ideas; es decir, comunicando y siendo capaces de llegar a convencer a los demás mediante sus palabras, mediante la elocuencia y la capacidad de persuasión.

Quienes no toman conciencia de que no saben comunicar con eficacia al hablar en público, están desaprovechando multitud de oportunidades para ellos mismos y para sus empresas. Muchas veces, la aceptación de un proyecto o una propuesta depende de matices sutiles que ayudan a que quienes tienen que decidir decidan aceptarlo. Y esos matices pueden ser, sobre la base de un proyecto sólido, la claridad, la fuerza, la convicción, la sinceridad, la honestidad, la seguridad y, en definitiva, la buena imagen y la eficaz comunicación que ha transmitido quien ha presentado y expuesto los detalles del proyecto o propuesta. Un buen comunicador es capaz de cautivar, convencer y mover a la acción a quienes le escuchan.

Muchas personas no llegan a poder desarrollar las habilidades necesarias de una oratoria eficaz, simplemente porque sienten ese miedo que les impide cualquier mejoría y les impide brillar. Si no empiezan por superar el miedo será imposible que puedan llegar a aplicar cualquier consejo destinado a mejorar su comunicación. Y para superarlo, lo mejor es saber el porqué y el cómo se produce. De todo eso hablé en mi conferencia-taller en el CEEI de Valencia.

Si no somos capaces de tener la actitud adecuada para superar nuestros miedos, difícilmente podremos alcanzar la elocuencia y la capacidad de persuasión, indispensables para un buen orador.
Durante el taller, que duró toda la tarde, ilustré mis explicaciones con ejemplos gráficos, con algunas citas de autores interesantes, puse ejemplos, proyecté varios vídeos y les hice hacer algunos ejercicios ilustrativos para ayudarles a superar sus miedos.

Fue una tarde muy entretenida y divertida y, según manifestaron, todos se marcharon encantados con la sesión, y yo el que más. Y es que, como les dije, si el orador no se lo pasa bien en conexión con su auditorio, difícilmente podrá conseguir la conexión necesaria con el público que le escucha, lo que significa que difícilmente conseguirá comunicar con eficacia.




VIRTUDES DEL BUEN AGENTE COMERCIAL: SENCILLEZ, AMABILIDAD, SINCERIDAD, HONESTIDAD

El otro día tuve el honor de pronunciar una ponencia en La Lonja de Valencia, en el homenaje que la Cámara de Comercio de Valencia y el Consulado de La Lonja ofrecieron al Colegio de Agentes Comerciales de Valencia por el 90 Aniversario de su fundación.




Hice un breve repaso de los principales acontecimientos del Colegio en sus noventa años de existencia, con especiales referencias a los fuertes e históricos vínculos que siempre han existido entre el Colegio, la Cámara y La Lonja.

Después, destaqué que es una profesión esencial en la economía, como nexo de unión entre los fabricantes y el mercado y resalté las virtudes que debe poseer un buen agente comercial: ilusión, fe en su producto o servicio, confianza en sí mismo, tesón, entereza para soportar reveses; o sea, ser inasequible al desaliento, para lo que precisa de una actitud positiva.

Debe tener con sus clientes, o potenciales clientes: empatía, simpatía, autoridad; es decir, conocimientos y preparación, elocuencia, capacidad de persuasión, buena imagen, lo que significa, no sólo cuidar su atuendo, sino, más importante: sonreír con naturalidad y franqueza.

La sencillez, la amabilidad, la sinceridad, la honestidad y la grandeza de espíritu, deben adornar también su personalidad.



El buen agente comercial debe poseer también buena capacidad de comunicación. Y, para ello, debe saber expresar sus ideas con una  riqueza de vocabulario y debe saber practicar la  escucha activa.

También es muy conveniente que posea gran capacidad de observación, ciertas habilidades psicológicas básicas, agilidad mental, perspicacia, adaptabilidad al cliente, al medio y a las circunstancias (a lo que Cicerón llamaba el “decorum”: lo conveniente en cada momento), saber perder a veces, encajar las críticas, ser proactivo, (¡no arrugarse, vaya, ante ninguna circunstancia adversa!), ser asertivo: o sea, no ser agresivo ni timorato a la hora de decir lo que tiene que decir; tener grandeza de miras, que es lo opuesto a la mezquindad de quien sólo mira el beneficio inmediato; y, siempre, poseer y mostrar un gran sentido del humor, que, según una genial definición, “es la capacidad para reírse de uno mismo”.

Con estas cualidades, más la que nos recuerda La Lonja en su inscripción latina: la honradez y la honestidad en el desempeño de su profesión, el agente comercial seguirá siendo un profesional que, como viene ocurriendo desde hace tanto, gozará del respeto y la admiración de la sociedad.


TERMINA EL AÑO APRENDIENDO DE UNA VEZ A HABLAR EN PÚBLICO

¿Vas a terminar el año sin haber aprendido a superar tus miedos ni a saber expresarte con seguridad, tranquilidad y brillantez cuando hablas en público? ¿Aún no eres consciente de lo importante que es dominar esas habilidades para tu situación y tu futuro profesional?


Pues aquí tienes tres oportunidades para solucionar ese problema de una vez por todas. Elige la que mejor te venga por calendario y horarios: los tres cursos que impartiré en Valencia en el mes de diciembre.



¿Te imaginas lo bien que puedes quedar en tu empresa o en tu familia o amigos, pronunciando un discurso de Navidad y dejando con la boca abierta a todos los que te escuchen?

Pues no te digo más. Ven a uno de mis cursos y verás cómo lo consigues. ¡Te lo garantizo! Y, si no quedas encantado, te devolveré el dinero de la matrícula. ¿Qué más garantía de calidad puedo darte?


Para más información: pacograu@cursoshablarenpublico.com - 649 98 92 96.




MÁS PROFESIONALES APRENDEN A HABLAR EN PÚBLICO


Estos días he terminado de impartir dos de mis cursos de “Hablar en público y comunicar con eficacia”. Uno se ha celebrado por las mañanas y otro en dos fines de semana.


Dos pequeños grupos de profesionales que han podido disfrutar de forma intensa con los ejercicios prácticos para superar miedos y tensiones al hablar en público, adiestrándose en la capacidad de gestionar bien su mente para fomentar su facilidad de palabra, su imaginación, su creatividad, su confianza en ellos mismos, la empatía, la simpatía, el control de su cuerpo y sus gestos (mirada, cuerpo, manos…) y el control de su voz: volumen, entonación, pausas y silencios, eliminación de latiguillos y muletillas, uso correcto del lenguaje y de las palabras que lo forman y capacidad de improvisación, así como preparación meticulosa de un buen discurso.








De nuevo, ha sido un placer poder ayudar a estas personas a mejorar en su nivel de comunicación al hablar en público, una formación que todos, absolutamente todos, coinciden en que debería enseñarse desde la infancia y la primera juventud para estar bien preparados para la vida profesional. Y, claro, como siempre también, todos han terminado encantados con el curso que, después de 30 horas, ¡les ha parecido corto! Buena señal de que lo han disfrutado.

Para más información: pacograu@cursoshablarenpublico.com - 649 98 92 96.


EN NOVIEMBRE, NUEVOS CURSOS INTENSIVOS PARA APRENDER A HABLAR EN PÚBLICO

Tienes tres opciones; mañanas, tardes y fines de semana, para asistir a uno de mis cursos de “hablar en público y comunicar con eficacia” y aprender de una vez a superar tus miedos y bloqueos ante el público y conseguir hablar ante esas personas con tranquilidad, seguridad, sencillez, elocuencia y capacidad de persuasión. 

Opción A (Mañanas): Miércoles 2, Jueves 3, Viernes 4, Lunes 7, Miércoles 9 y Jueves 10 de noviembre; de 9 a 14 h.

Opción B (Tardes): Lunes 21, Martes 22, Miércoles 23, Lunes 28, Martes 29 y Miércoles 30 de noviembre; de 16 a 21 h.

Opción C (Fines de semana): Viernes 4, Sábado 5 y Viernes 11, Sábado 12 de noviembre. Viernes de 16 a 21h y Sábados de 9 a 14 y de 15.30 a 20.30 (comiendo juntos).


Estoy seguro de que lo necesitas. Piénsalo y decídete. ¡Te va a encantar! Ya lo verás, esta es una gran oportunidad para mejorar tu comunicación. 


Más de 8.000 profesionales avalan la calidad de estos cursos. Y, si vienes, tú serás uno de ellos.

En el documento adjunto tienes toda la información. Léelo con atención y elige el curso que mejor te encaje, son tres opciones distintas pero el curso es exactamente igual y con la misma duración: 30 horas.


Más información: pacograu@cursoshablarenpublico.com - 649 98 92 96.



EL BUEN EDUCADOR DEBE HACER VOLAR COMO ÁGUILAS A SUS ALUMNOS

No hace mucho, escribí un mensaje a un conocido, que me decía que él tenía una buena formación en el terreno de la comunicación, por lo que pensaba que no necesitaba asistir a mis cursos. Le escribí algunas ideas, que procuré que fueran breves para no extenderme demasiado y no aburrirle; pero me quedé con las ganas de profundizar, lo que me llevó a escribir este artículo.

Querido amigo:

Me alegro de que tengas una buena formación en las habilidades que yo enseño de "Hablar en público y comunicar con eficacia". No obstante, me permito apuntarte que en no pocas ocasiones he "auditado" la comunicación de no pocos profesionales a los que les he conseguido apuntar líneas de mejora. El hecho de haber sido docente, por ejemplo, no es signo ni garantía de eficacia en la comunicación, ni mucho menos. Hay demasiados profesores (no lo digo por ti, claro) que no saben transmitir con eficacia sus conocimientos, que resultan aburridos, monótonos o, simplemente, anodinos, con lo que sus alumnos no se sienten en absoluto motivados ni enardecidos por los conocimientos que intentan transmitir.

Como dice un autor americano: "El educador mediocre habla. El buen educador explica. El educador superior demuestra. El gran educador inspira”.

Pues, como les digo a los profesionales de la enseñanza, a los que enseño a comunicar, ese debe ser su objetivo y su ideal: "Inspirar a sus alumnos", apasionarles con sus enseñanzas, despertar en ellos el hambre intelectual. Todo lo que no sea eso, es no ser un buen profesional de la enseñanza. Y lo digo porque tengo muchos alumnos en mis cursos que son profesionales de la educación. Y también tengo muchos alumnos que son estudiantes y me cuentan anécdotas de profesores mediocres que me estremecen de pena y de indignación.

Por desgracia, hay demasiados profesores y profesoras mediocres, que se limitan a cubrir sus horas de clase sin pasión, sin disfrutar con lo que hacen, sin importarles de verdad sus alumnos, sin brillo, sin vocación, limitándose a leer un libro en voz alta o a leer un Power Point, lo que va en detrimento de la calidad docente y, por ende, del nivel de los futuros profesionales. Pero, claro, ese es un avispero en el que las autoridades políticas, administrativas y académicas no se atreven a entrar. Es mejor dejarlo como está y mirar para otro lado.

 Pero, como te decía no lo digo por ti en absoluto, puesto que no te conozco bien. Creo que muchos y muchas deberían hacer examen de conciencia y revisar sus métodos de enseñanza. Permíteme este desahogo con un tema que me preocupa de forma primordial. Debemos luchar contra la mediocridad en todos los terrenos, ¿no te parece?; pero, de forma especial, en la enseñanza, que es la base de toda la estructura social. Debemos formar buenos estudiantes para que sean, más tarde, excelentes profesionales. ¡Es tan evidente…!

Un buen profesional de la enseñanza debe estar enamorado de la materia que enseña a sus alumnos. 

Un buen profesor, un buen maestro, debe prepararse muy bien lo que sus alumnos deben aprender. Un auténtico educador debe saber transmitir la emoción del saber a sus alumnos, mostrándoles las luces que iluminan sus inteligencias para captar de la forma más eficaz posible determinados conocimientos, enamorarse de ellos y pedir más a su maestro.

Ese gran educador debe ser capaz de coger con sus palabras y sus emociones las mentes de sus alumnos y elevarlas hasta las cumbres de la sabiduría, insuflándoles el amor por la excelencia, de la que tanto oirán hablar después en su vida profesional.

¡Educar no es hacer borreguitos mediocres que sólo aspiran a aprobar de cualquier forma! Educar es modelar esas mentes y esos corazones jóvenes para que sientan de verdad el placer por el saber y por las cosas bien hechas. Que no sean gallinas dando patéticos saltos y nerviosos picotazos por el saber, sino que sean águilas que desplieguen sus poderosas alas y sepan elevarse, con esfuerzo, hasta las cumbres y los riscos más difíciles del conocimiento humano. Si todos los educadores tuvieran esto claro, ¡cómo cambiaría la universidad y el mundo profesional!


Espero que estas ideas te sirvan para reflexionar sobre la importancia de la comunicación para cualquier profesional; pero, especialmente, para un profesional de la educación porque, no lo olvides, comunicar es transmitir emociones, no sólo palabras vacías. Son ideas que me salen de forma espontánea y, sobre todo, muy sincera, porque las tengo muy reflexionadas y veo de forma diáfana la enorme importancia que tienen.


UN INGENIERO, COMO CUALQUIER PROFESIONAL, NO SÓLO DEBE SER UN “EXPERTO” EN LO SUYO

La formación de un ingeniero, como la de cualquier profesional, no consiste sólo en ser un "súper experto" en su materia; es decir, tener un gran bagaje de conocimientos. Desde hace tiempo, los expertos en selección de personal buscan profesionales con una formación integral; es decir, no sólo con muchos conocimientos técnicos, sino con grandes cualidades humanas: inteligencia emocional, capacidad de empatía, saber relacionarse con los demás, trabajar en equipo, saber compartir conocimientos, saber reconocer los errores propios, saber escribir correctamente, saber negociar y saber hablar en público, que es lo que yo enseño a ingenieros, médicos, abogados, economistas, informáticos, funcionarios, líderes, empresarios, políticos y estudiantes y profesionales en general.  

Ser un "cerebrito" no basta para ser un buen profesional, si no se tiene como base todo lo que he mencionado; es decir, si no se tiene una formación integral. ¿Para qué quiero en mi empresa un ingeniero que sepa una barbaridad sobre un tema concreto de su especialización, si luego es un egoísta que no comparte sus conocimientos, si es un orgulloso que no sabe reconocer sus errores ni pedir perdón por ellos, si es un trepa que se dedica a criticar y perjudicar a sus compañeros, si no sabe mantener una discusión tranquila de contraste de opiniones y pareceres, si no sabe felicitar a los demás por sus aciertos porque es un envidioso, si no sabe participar en una reunión de trabajo porque no es capaz de expresar con claridad sus ideas al hablar en público...?   




Como decía el rector de la Universidad de Salamanca, José Ramón Alonso, en un artículo de prensa hace diez años a cuenta del proceso de Bolonia: “Debemos plantearnos qué demanda la sociedad a un titulado superior. En la vida real, saber escribir una carta o conducir una negociación supera en interés a conocer el último capítulo del temario o la técnica más novedosa. Y no estamos actuando en consecuencia. Es el momento de que, además de los conocimientos específicos de cada titulación, nos preocupemos de que nuestros estudiantes salgan formados y bien formados, que sepan escribir y hablar en público, y también desarrollar un pensamiento crítico, hacer un análisis cuantitativo, incorporar a su razonamiento un componente moral y ético, trabajar en equipo, tener iniciativas, arriesgar y comprometerse. Eso es ser universitario. Si no lo conseguimos, lo que hacemos no será suficiente y lo podemos hacer, y lo podemos hacer bien”. 

A mí, por mi dedicación profesional, me interesa especialmente concienciar a los profesionales españoles de la importancia crucial que tiene el hecho de que aprendan a comunicar con eficacia cuando hablan en público. Por desgracia, este es un campo en el que los españoles llevamos mucha desventaja respecto de los profesionales de otros países anglosajones, centroeuropeos y nórdicos. Los profesionales españoles que trabajan en multinacionales se dan cuenta cuando conviven con sus colegas de esos países de la gran diferencia que les separa en este terreno. 

Mientras la mayoría de los profesionales españoles lo pasan fatal cuando tienen que hacer una exposición o presentación en público, perciben que sus colegas extranjeros lo hacen con la mayor naturalidad y seguridad en ellos mismos, exponiendo sus ideas con claridad y sin ningún tipo de problemas de comunicación.  

Y, como dice Campo Vidal: "La mayoría de los profesionales españoles no son conscientes de hasta qué punto pierden oportunidades, ellos y sus organizaciones, por no saber comunicar con eficacia".