EN FEBRERO, EN VALENCIA, TRES NUEVAS OPORTUNIDADES DE APRENDER A HABLAR EN PÚBLICO

Si de verdad quieres superar tus miedos y tus bloqueos al hablar en público y aprender a hacerlo con eficacia en tu comunicación, en febrero tienes tres nuevas oportunidades para conseguirlo asistiendo a uno de los cursos que impartiré en Valencia sobre "Hablar en público y comunicar con eficacia". 

Inscríbete, asiste, pásatelo fenomenal, conoce a gente y descubre el buen orador que puedes llegar a ser con mi ayuda. 

¡Déjame que te lo demuestre! En el documento adjunto tienes toda la información. Y, si tienes alguna duda, escríbeme y cuéntamela.





Más información: pacograu@cursoshablarenpublico.com - 649 98 92 96.






LAS CLAVES PARA SER UN BUEN ORADOR

El diario El Mundo, en su suplemento ZEN, a nivel nacional, ha publicado una entrevista que me hicieron el otro día sobre mi tema: "Hablar en público". Aquí puedes leer mis comentarios y los consejos que ofrezco a los lectores.




'I Have a Dream', el famoso discurso de Martin Luther King que ha pasado a la Historia.

  • Una actitud positiva y natural, mover las manos, mantener la mirada y olvidarse de papeles son algunas de las pautas para hablar mejor en público y comunicar con eficacia.

CRISTINA GALAFATE
17/01/2017

Mucho antes de que Albert Rivera se hiciera famoso, el periodista y profesor de oratoria Paco Grau ya ponía como ejemplo de buen comunicador al presidente de Ciudadanos. "Pablo Iglesias también lo es aunque, bajo mi punto de vista, parece que siempre está cabreado". Sin entrar en ideologías, este profesional que en sus 22 años de carrera ha formado a unos 8.000 oradores de toda edad y condición -recuerda hasta a un alumno jubilado- asegura que estos dos políticos emergentes son la excepción de una regla en la que incluye a Mariano Rajoy. "Comunicando es justito, tiene muchos problemas".

Como el presidente del Gobierno, la mayoría de los españoles tiene pánico a hablar en público, cuenta Grau, "tiemblan, lo pasan mal y, si pueden, lo evitan". Y lo peor es que "no son conscientes de hasta qué punto ellos y sus empresas pierden oportunidades por no comunicar con eficacia".

Político, abogado, comercial, emprendedor... Sea cual sea su profesión, continuamente tiene que vender un mensaje. Persuadir a un votante, a un tribunal o a un cliente. "Si no transmite que usted mismo está convencido de ello, ¿cómo va a conseguir que el resto sí lo esté?".

Para Grau, un perfecto orador es Barack Obama. "Sonará a tópico pero es un hacha en carisma. Sabe contar historias plagadas de anécdotas con las que la audiencia se identifica, yo a estos ejemplos los llamo lubricantes del discurso. Además, utiliza muy bien la gestualidad, se pone la mano en el corazón". Respecto a Trump, "es efectivo porque resulta natural, seguro de sí mismo". También alaba a Malala, la joven paquistaní que fue Premio Nobel de la Paz con sólo 17 años. «Siempre pongo su discurso frente a la ONU en mis clases porque sabe interpretar las palabras, aun teniendo un apoyo escrito delante no pierde contacto visual con el auditorio".



Pablo Iglesias (izq.) realiza un guiño a Podemos con su camisa morada y Albert Rivera, líder de Ciudadanos, mueve las manos y enfatiza palabras en su discurso.


El experto proporciona para ZEN un decálogo de pautas básicas para desarrollar esta habilidad, "tan necesaria como saber leer o escribir".

1. TENER MUY CLARO EL MENSAJE. "Hay que llevar el discurso estructurado por puntos, aprendido de memoria para evitar bloqueos y con las ideas que queremos transmitir muy claras". Una exposición tiene que tener un orden y una coherencia para poder seguirla y recordarla. "Aconsejo concisión y dominar el tema".

2. MANTENER UNA ACTITUD POSITIVA. La comunicación corporal supone un 90% del éxito y sólo un 10% se debe a la comunicación verbal. "Es importante lo que decimos y más aún cómo lo decimos". Una sonrisa comunica.

3. SER UNO MISMO. Las caretas se caen fácilmente, mientras que si uno transmite naturalidad resulta más fácil que no desmonten sus teorías, comenta Grau. "Claro que esto no hay que llevarlo al extremo, es preferible ser formal a excesivamente coloquial".

4. SEGURIDAD Y RELAJACIÓN. "El auditorio no está formado por fieras dispuestas a devorar, sino por un grupo de personas, que puede ser más o menos numeroso, pero al que no debemos ver como una amenaza", alerta el profesor de oratoria. Corremos el riesgo de que nuestro cuerpo reaccione con temblores, sudoración, rojeces... "El sistema nervioso se dispara y no lo controlamos, como cuando salimos corriendo ante un animal salvaje o retiramos la mano del fuego que quema. La serenidad es fundamental".

5. CONTROL DE LA MIRADA. Cuando sospechamos que nuestro interlocutor miente le pedimos que nos mire a los ojos. "El contacto visual tiende puentes de comunicación. Una mirada efectiva tiene más posibilidades de captar la atención, hacer llegar el mensaje y conseguir un feedback".

6. ENTRENARSE. "No pasa nada", escrito en mayúscula y con tres signos de admiración. Así arranca sus cursos Grau, quien reconoce que las personas extrovertidas tienen parte del camino recorrido, pero incluso el más tímido puede perder la vergüenza. "Muchas veces nos cortamos al preguntar dudas desde el patio de butacas porque nos horroriza pensar que no vamos a dar el nivel, que todas las miradas se van a girar hacia nosotros y que se escuchará sólo nuestra voz. No queremos ser el centro de atención. En el mundo anglosajón, en cambio, estos problemas se solventan a los seis años". Cuente un chiste, exprese sus ideas a un amigo, lea en alto... "Cuanto más se practica, más soltura se tiene".

7. DECIR ADIÓS A LAS CHULETAS. ¿Cuántas veces hemos visto a un perfil público dar un discurso de 20 folios sin levantar la vista? "Muchos parlamentarios hacen esto continuamente. Eso no es dar una conferencia, mejor repartir unas fotocopias y que la gente las lea en lugar de dormirse". Por no hablar de los políticos que no entienden su propia letra y pierden el hilo: "Es cierto que tener herramientas de apoyo, como diapositivas, un guión o el propio discurso delante aporta una cierta seguridad, pero debe ser como la partitura para el músico, por si acaso".

8. MOSTRAR LAS MANOS. "En mi opinión, el discurso de Navidad del Rey Felipe VI perdía eficacia cuando cerraban tanto los planos que sólo se veía su rostro. La gestualidad es importantísima, mover las manos cuando hablamos transmite convicción, acompaña al discurso y facilita la comprensión".

9. ACTITUD. "Las entonaciones, como los gestos, desmienten mensajes. Uno no puede comunicar optimismo con cara de pena o frunciendo el ceño". Grau aconseja no acelerarse y otorgar expresividad a cada palabra. "Mantener el ritmo, el tono, la entonación y las pausas adecuadas durante la intervención".

10. HABLAR DE PIE. "¿Qué pensaríamos de un orador que aparece ante nosotros medio acostado, escondido o columpiándose en una silla, por muy excelente que fuera el discurso?". Evite una perorata causando buena impresión. Y un último consejo: "Preséntese con un vestuario adecuado a la situación".


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"¡¡NO PASA NADA!!" ES MI ESLOGAN FAVORITO

El otro día pronuncié una conferencia en el Colegio de Agentes Comerciales de Valencia sobre el miedo a hablar en público. Fueron un par de horas muy agradables, con un público muy integrado y entregado, que al final agradeció de modo muy afectuoso las enseñanzas recibidas a través de mis explicaciones. El Presidente del Colegio, Antonio Soriano, introdujo el acto, y el Secretario, José Orero, hizo mi presentación, excesiva y cariñosa, llena de afecto, lo que le agradecí de corazón.




En la conferencia, como suelo hacer, les animé a enfrentarse a su miedo a hablar en público (a los que lo tienen, que no eran todos), ya que es la única forma de superarlos, fortaleciendo la autoconfianza, consiguiendo tener un buen control emocional y sintiendo la libertad de ser capaces de expresar sus ideas al hablar en público con plena confianza en sus posibilidades y grabando en su mente mi eslogan favorito: ¡¡NO PASA NADA!!, así como siendo capaces de mirar al público a los ojos, con respeto y con cariño, no pensando que son fieras salvajes dispuestas a devorarte, sino seres humanos normales, como tú, que están ahí para escucharte.




A todos, claro, les animé a que se inscriban en uno de mis cursos de "Hablar en público y comunicar con eficacia", para aprender y practicar a fondo todo lo que les resumí en ese par de horas.          



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ANTES DE HABLAR EN PÚBLICO NO TE DUERMAS PERO RELÁJATE

El periódico Las Provincias ha publicado un artículo con consejos para conciliar el sueño con rapidez: "Cómo dormirse en menos de 1 minuto con la técnica del 4-7-8".

Yo los pongo en práctica cuando lo necesito y aseguro que funcionan. ¡Esta misma noche lo he practicado y, una vez más, ha funcionado!

Esta técnica la enseño a mis alumnos desde hace años, en los cursos que imparto sobre "Hablar en público y comunicar con eficacia". Con esta técnica les enseño a que se relajen, algo que necesitan todos cuando van a hablar en público, porque los nervios impiden que nuestro cerebro funcione adecuadamente y gestione bien las ideas que queremos expresar. Y ahí aparecen las palpitaciones, los balbuceos, los movimientos y los tics nerviosos, el sudor, los temblores y demás reacciones provocadas por el sistema nervioso autónomo simpático, que es el que se pone en acción cuando nuestro cerebro interpreta que estamos ante una situación de peligro y se apodera de nosotros el pánico, en este caso el pánico escénico. 


Lo que no explica este artículo es porqué al respirar de esa forma, inspirando lentamente, reteniendo el aire unos segundos y expulsándolo lentamente, el cuerpo y la mente se relajan y, bien situados en la cama, nos dormimos. Y la respuesta es porque, al respirar con el diafragma, que es como respiramos al estar acostados, estamos provocando la aparición en la sangre de la acetilcolina, que es un neurotransmisor, asociado al sistema nervioso autónomo parasimpático, que es el que controla nuestro organismo mientras dormimos.

Al respirar profunda y lentamente, concentrándonos en esa respiración, el ritmo cardíaco disminuye, la tensión arterial baja, cesa la tensión y la ansiedad y la mente se calma. Y todo ello está provocado por la acetilcolina, que tiene una función relajante contraria a la adrenalina, cuya misión es activar al máximo nuestro organismo.


Por tanto, respirar con el diafragma no sólo sirve para conciliar el sueño con rapidez, sino que podemos hacerlo estando de pie, o sentados, en cualquier momento del día, con el fin de relajar nuestro cuerpo y nuestra mente, de forma que ésta funcione con normalidad y podamos afrontar la situación que nos estresa; en este caso, ponernos delante de un grupo de personas para hablar en público para ser capaces de que nuestras ideas fluyan con naturalidad, seguridad y eficacia, transportadas por nuestras palabras, que podremos pronunciar con calma y buena pronunciación.


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UN GRAN PROPÓSITO PARA EL AÑO NUEVO: NO ESPERES A SER PERFECTO PARA HABLAR EN PÚBLICO

Cuando empieza un nuevo año, como este 2017, ya es algo clásico que todos hagamos propósitos para mejorar nuestra vida: adelgazar, alimentarnos mejor y de forma más sana, ahorrar, aprender inglés, ir al gimnasio… Pero la mayoría deja de plantearse algo que es fundamental en sus vidas profesionales; más fundamental que aprender inglés o tener una bonita y estilizada figura: ¡APRENDER A HABLAR EN PÚBLICO!


¿De qué te sirve aprender inglés si luego no eres capaz de expresarte en público ni siquiera en español? Si no aprendes a superar tus miedos y vergüenzas al hablar en público en español, ¿cómo vas a ser capaz de pronunciar un breve discurso o una ponencia en inglés delante de cincuenta o cien personas? ¿No es cierto que, si no has practicado mucho, te da vergüenza hablar en inglés incluso en una simple conversación porque TIENES MIEDO E INSEGURIDAD al no dominar los resortes del idioma. 



Y eso es un grave error, porque la única forma de aprender a hablar en inglés es hablándolo, aunque sea con errores, metiendo la pata, equivocándote y, desde luego, esforzándote por superar esos errores; pero convenciéndote de que ¡NO PASA NADA! por equivocarte con una construcción gramatical incorrecta o una palabra confundida o mal pronunciada.

En Valencia pasa algo parecido con el valenciano. A muchísima gente que no tiene el valenciano como idioma materno le he oído decir: “No lo hablo porque me da vergüenza soltar “espardenyaes” (palabras en incorrecto valenciano) y que se rían de mí. Y yo siempre les digo que no tengan miedo, que se suelten y que tropiecen; pero que se levanten de esas pequeñas caídas y sigan caminando. Y lo mismo pasa, por supuesto, con el inglés y con cualquier otra lengua que estemos aprendiendo.

Pues eso mismo es lo que ocurre con miles y miles de profesionales españoles que no se atreven a hablar en público, ni siquiera a preguntar algo a un conferenciante al final de una conferencia o charla, porque temen hacer el ridículo, porque no se sienten seguros, o porque no dominan las técnicas de la oratoria. Y eso es un gran error, que siguen arrastrando toda su vida profesional. ¡Qué triste!

Por todo eso, yo mantengo que más importante que aprender a hablar en inglés es aprender primero, o a la vez, a adquirir seguridad en ti mismo para exponerte a la consideración del público cuando tengas que hablar, ya sea en español, en inglés o en cualquier otro idioma.

Como suelo decir a mis alumnos: ¡No esperes a ser perfecto para hablar en público! Aprende, yo puedo ayudarte, pero lánzate. No lo dudes: tú tienes las capacidades. Permíteme enseñarte a sacarlas y ponerlas en práctica. 


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MIS ALUMNOS ME AGRADECEN LO QUE LES ENSEÑO EN MIS CURSOS DE HABLAR EN PÚBLICO

Cuando termino de impartir alguno de mis cursos de “Hablar en público y comunicar con eficacia”, algunos alumnos, agradecidos y entusiasmados al descubrir que han podido superar sus miedos y que han sido capaces de hablar con seguridad y naturalidad, me escriben correos llenos de agradecimiento.

Esos correos me llenan de alegría, no tanto por la vanidad que pueden provocar los elogios que me envían (lo juro), sino por la enorme satisfacción de haberles ayudado a superar sus problemas de comunicación y a ser capaces de haber encontrado el punto de seguridad necesario para hablar en público, algo que todos manifiestan de una u otra forma, como podemos ver en los párrafos que reproduzco a continuación.


Un alumno me escribió este comentario días después del curso:

“Me fascinó el curso, es el mejor curso que he hecho, el que no esperas que termine, como deseas en la mayoría de cursos...Me ha ayudado mucho, y muchos días me viene usted a la cabeza cuando decía: ¡¡no pasa nada!!! Eso me tranquiliza....es todo psicológico!!”

Una alumna, que era tan tímida que no quería ni venir al curso, la convencí de que lo hiciera y semanas después me escribía:

“Estoy encantada de haber confiado en ti y de haberme presentado en tu curso.  He aprendido muchísimo y tengo en cuenta todas tus recomendaciones.  Sobre todo he recuperado la confianza en mí misma,  ahora sé que puedo hacerlo y “que no pasa nada”. De hecho, el otro día tuve que hacer una presentación muy importante y me sentí segura, tranquila, relajada, exponiendo mis ideas con naturalidad y fluidez… ¡y hasta sonreí un poco! ¡Muchas gracias, Paco!

Otro alumno me decía en su correo:
“Muchas gracias por tus enseñanzas y consejos. Ahora tengo un reto por delante. Y eso siempre motiva: Ser capaz de mejorar mi capacidad de comunicación. Tú me has proporcionado los pilares fundamentales. A partir de ahí, practicaré, practicaré y practicaré. Fuera vergüenza y aprovechar hasta la más mínima oportunidad”.  

Una alumna, interesada en ser “formadora de coaching”, quedó encantada con el curso y me escribió:

“Quería decirte que ¡¡me ha encantado hacer el curso!! He aprendido mucho y, entre todo ello, lo más importante ha sido verte "actuar" a ti. Me has dado grandes lecciones de "liderazgo docente", de tratamiento de las "situaciones de crisis". Me encantó cómo resolviste alguna situación de agobio de alguna alumna; yo me habría venido abajo..., pero lo gestionaste de forma impecable y ella ¡¡cambió radicalmente de actitud del principio al final del curso!!”.

En fin, que salgo muy motivada para emprender mi propio periplo docente (sin duda, me queda mucho para estar a tu nivel... pero creo haber captado algunas claves respecto a la actitud con la que hay que afrontarlo: naturalidad, confianza en uno mismo, máximo respeto por el alumno y entusiasmo por enseñar y ayudar a mejorar). ¡¡Enhorabuena por todo ello!!”.   


Otro alumno, estudiante de Marketing, me escribió:

“Hoy he hecho una exposición en inglés y después de decirme que estaba perfecta, el profesor me ha puesto como ejemplo ante toda la clase para que analizasen lo bien que había hecho la exposición.

Gracias Paco. Aun así, estaba un tanto nervioso pero controlado. ¡Eres un Maestro!”.

Un alumno valenciano hablante, me escribió con mucho cariño:

“Et done les gràcies per l'entusiasme transferit a tots nosaltres durant el curs. Hem sent més tranquil per adressar-me al public. A més, tinc més ferramentes. Després del curs, em trobe millor davant el public o em sent més segur. El camí es llarg, ho sé. Però res a veure de la primera exposició que vaig fer fa 25 anys. Anava tan de presa que en un no res havia finalitzat l'exposició que tant m'havia costat preparar. Hui em ric, però veig que les tècniques ajuden a fer les exposicions més amables, respectuoses i interessants a les persones.

Finalment, no m'oblide de recordar els moments divertits i també plens d’emocions que em passat en el teu curs.

Gràcies de nou per la teua ajuda, paciència i coneiximents”.

Una alumna de San Sebastián me escribió tras el curso que impartí allí:

“El jueves pasado tuve que impartir mi primera presentación tras el curso y apliqué tus técnicas de relajación. Me vinieron muy bien y conseguí superar la prueba, hablando con tranquilidad y de forma controlada ante bastante público.

Fue un placer y una suerte poder acudir a tu curso. ¡Gracias!”.



Y, después de recibir mensajes como estos, de los que tengo una buena colección, me siento reforzado en mi convicción de que la formación que imparto vale mucho la pena. Algo de lo que trato de convencer a quien quiera escucharme o leerme.


DEFECTOS Y VIRTUDES DEL MENSAJE NAVIDEÑO DEL REY FELIPE VI

El Rey Felipe VI, en su Mensaje de Navidad de este año 2016, emitido por televisión, cometió algunos errores que desmerecen de un personaje del más alto nivel social, político e institucional de España. Tiene que ser un ejemplo intachable para todos los que, con sus palabras, tratan de transmitir un mensaje. Pero también tuvo algunas virtudes que comento aquí.

De entrada, en sus primeras palabras, dijo “Quiero desearos unas felices fiestas”. No dijo “una feliz Navidad”, tal vez para ser “políticamente correcto” y no utilizar una palabra que tiene un evidente significado religioso: la conmemoración del nacimiento de Jesucristo; pero, por mal que siente a algunos, ese es el hondo y original significado de esas “fiestas” por las que felicitaba el monarca. Se olvidaba de lo que significa la “asertividad”, que es una cualidad que tiene que practicar cualquier buen orador: decir lo que tiene que decir, sin ofender a nadie y sin pedir perdón. Y se olvidaba de que no hay que pedir perdón por decir “Feliz Navidad”. 



Pero, en esa primera frase ya cometía otro error desde el punto de vista de la oratoria, no por tremendamente repetido e incrustado en la sociedad española menos importante. Dijo “Quiero felicitaros”. A mis alumnos, cuando dicen algo así, siempre les digo: “Pues, si quieres felicitarnos, felicítanos”. Frases muy habituales en oradores poco profesionales, como “En primer lugar, quiero destacar…”. Y yo digo: “Pues, si quieres destacar, destaca. ¿Qué te lo impide?”. Es decir;: si quieres, hacerlo, hazlo. Por tanto, sería más correcto y más natural decir, directamente: “Os deseo unas felices fiestas”. O, incluso mejor: “Os deseo una Feliz Navidad”. Eso habría sido lo mejor, lo más directo y lo más ajustado a la realidad de esta fiesta.

En  otro momento, hacia la mitad de su discurso, volvió a decir algo parecido: “Me gustaría insistir…”. Pues, repito: si te gustaría insistir, insiste. 

Y, una vez más, utilizó esa absurda construcción y dijo: “Hoy quiero detenerme en los avances de la tecnología”. Y yo le repito: “Si quieres detenerte, pues detente y resalta lo que quieras decir sin necesidad de expresar ese deseo, sino poniéndolo en acción”.

Por otro lado, desde el punto de vista de la comunicación corporal, en ese plano inicial, su cara transmitía un poco de pena, con el ceño un poco fruncido, las cejas levantadas y la frente arrugada. O sea, cara de pena. Mal inicio para quien trata de estimular el optimismo de los españoles. ¿Pensaba con eso transmitir preocupación?

Y vuelve a hacer la construcción equivocada al decir: “A las familias que han sufrido las recientes inundaciones en nuestro país, quiero decirles que les tenemos muy presentes”. Y yo repito: “Si quieres decirles que…, pues ¡díselo!”. O sea, que debería haber dicho: “A las familias que han sufrido…. les digo: os tenemos muy presentes”; o bien, símplemente: "A las familias que han sufrido.... las tenemos muy presentes".

Volviendo a su comunicación corporal, las manos del monarca se movían con naturalidad, apoyando las ideas que transmitía, aunque el realizador se empeñaba en ir cerrando el plano hasta conseguir un primer plano de su rostro, buscando, sin duda, la fuerza de su expresión facial; pero, con eso, sus manos, al no verse, perdían protagonismo, que quedaba sólo supeditado al movimiento de sus pobladas cejas y de su cabeza. Comunicaba con más eficacia cuando el plano era más abierto y sus manos, con sus movimientos y sus gestos, apoyaban mejor sus palabras. 

Estaba sentado ante la cámara, en su despacho de trabajo, sin mesa de por medio, con las piernas cruzadas y con un decorado sencillo y oficial a la vez: bandera de España detrás, varias fotos familiares e institucionales, libros y un sencillo Nacimiento en la librería. Todo eso transmitía una sensación de cercanía y proximidad. Perfecto.


Felipe VI utilizaba bien, con discreción, la expresividad en algunas frases como “El gran patrimonio común que compartimos… un patrimonio que debemos ayudar a proteger como lo mejor que tenemos y somos, como lo mejor que nos une”. Ese pequeño énfasis en la entonación de las palabras, acompañado del gesto con sus manos, era lo que le daba la expresividad necesaria. Y no olvidemos que, como repito en mis cursos: la expresividad es la proximidad afectiva del orador con respecto a lo que cuenta. La expresividad transmite a quienes escuchan el estado de ánimo que el orador quiere comunicar a través de sus palabras. Y está claro que el Rey pretendía transmitirnos ese mensaje de unidad entre todos los españoles, lo mismo que cuando se refería a “nuestra fuerza interior”, frase que acompañaba agitando discretamente el puño izquierdo, como en la frase: “ganas de salir adelante” y algunas otras.

La voz del monarca fue correcta: ritmo, pausas, silencios, énfasis, entonación… Incluso tuvo una novedad: no se le detectó ningún gallito, tan habitual en ocasiones anteriores en los discursos de Felipe. Probablemente se habrá entrenado con algún logopeda para lograr tener una voz más firme. De todas formas, todavía le sale una voz un poco nasal y gutural. Debería practicar para aprender a impostarla, logrando que el aire, impulsado por el diafragma, pase por su garganta bien abierta, sin tensiones, haga vibrar las cuerdas vocales sin más obstáculos y se proyecte bien hacia los resonadores: las fosas nasales y la cavidad bucal, básicamente, donde la voz adquiere personalidad y sonoridad, de forma limpia, clara y agradable.

En conclusión, creo que Felipe VI está mejorando su nivel de comunicación, que ya era bueno, pero que está subiendo a base de pequeños detalles; aunque, como he comentado, sería perfecto si corrigiera esos aspectos que he repasado aquí. Ojalá Leticia se lo haga ver... y él le haga caso.